Hoy celebrara el Día Internacional contra la Corrupción promovido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU)

Con esta conmemoración, la ONU quiso poner de manifiesto a conveniencia de reforzar la didáctica a favor de una gestión pública y privada con acento en la integridad y en la ejemplaridad públicas. La legitimidad del ejercicio del poder público exige la que exista una eficaz y creíble estrategia contra la corrupción, entendida en un sentido amplio, que debe ir más allá, por supuesto, de evitar la comisión de actividades ilícitas.

La corrupción en España se ha convertido en los últimos años en un grave problema, tanto por la incidencia real del fenómeno como por la percepción de los ciudadanos sobre el mismo. El informe de Transparencia Internacional sobre el índice de percepción de la corrupción sitúa a España en una posición comparativamente alta en relación con los países de la Eurozona. Por otra parte, según los datos  aportados por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) la corrupción se ha convertido en los últimos años en la segunda preocupación más importante para  los ciudadanos.

La corrupción, además de generar un fuerte sentimiento de  desafección política y afectar negativamente a la credibilidad de las instituciones, supone un lastre al crecimiento económico. 

En este contexto, desde el año 2015 el Consello de Contas asume una nueva competencia en materia de prevención de la corrupción, instaurando lo que se está empezando a conocer en España como el “modelo gallego”, que combina tareas de asesoramiento y colaboración con las administraciones públicas gallegas en la implantación de sistemas de prevención de riesgos de gestión, en particular de corrupción, con tareas posteriores de evaluación y control de esa implantación. Tal y como ya se apunta en el Plan estratégico de la Institución, el Consello cuenta como principal activo para afrontar este desafío con el profundo conocimiento del sector público, adquirido a lo largo de más de dos décadas de actividad fiscalizadora. 

Esta armazón ética institucional a la que quiere contribuir el Consejo de Cuentas con su actividad, adquiere más relevancia si cabe en este  momento de crisis, cuando la pandemia y la exigencia de respuestas inmediatas están tensando las costuras de principios tan importantes como la transparencia, la participación política o la legitimidad de la división de poderes. La urgencia derivada de la excepcionalidad exige más y mejor transparencia, con verdadera rendición de cuentas, pero no por obligación, sino por convicción de que en eso está la esencia del correcto uso del poder.